Ence Dentistry

El dientito que ya no pudo más

21 de febrero de 2014

Había una vez un diente pequeñito. Se llamaba Canino y vivía una vida de diente común y corriente. Vivía en el número 12 de la calle Maxilar Superior y tenía un hogar encantador. Sus encías estaban muy bien cuidadas. Las cepillaban y les pasaban hilo dental a diario. En resumen, este diente vivía a lo grande. Tenía un buen trabajo en la división de comer y masticar. Estaba a cargo de perforar la comida para que pudiera desgarrarse. Disfrutaba su trabajo. Se alegraba de no trabajar como muela. Las muelas trabajan muchísimo y a menudo no están tan bien limpias.

Un día, Canino iba camino al trabajo cuando se topó con un problema. Afuera de su puerta estaban las señales inequívocas de un embargo. Horrorizado, se dio cuenta de que había firmado un contrato temporal. No era más que un diente de leche y sabía que algún día sería reemplazado. En un torbellino de emociones, Canino comenzó a temblar. Se tambaleaba de un lado a otro con tanta facilidad que los demás dientes se sentían incómodos con su presencia.
“¿Qué será de mí cuando me vaya? ¿Adónde van a parar los dientes?”, se preguntó Canino con un arrebato de emoción que solo un diente entendería. Canino había oído historias de cierta hada que venía por los dientes. Pero ¿qué hace con ellos? ¿Acaso existe? “Ojalá no me ponga a hacer el trabajo de una muela”, pensó Canino, inquieto.

Canino habló con sus vecinos y ellos, que también eran dientes de leche, se compadecieron de él. Durante una semana trabajó a la mitad de su capacidad mientras reflexionaba sobre el paso del tiempo y otras cosas profundas. Un día, mientras se tambaleaba distraídamente de un lado a otro en un ataque nervioso de reflexión (¿Había dejado huella en este mundo? ¿Había mejorado su comunidad?), Canino se cayó. No le dolió como pensaba. De hecho, sintió alivio cuando lo colocaron debajo de una almohada.

Entonces cayó la noche. Mientras Canino yacía bajo una almohada dentro de una pequeña bolsita de plástico, miró hacia atrás su corta vida con una perspectiva trascendental. El niño tendrá un diente nuevo. “Un diente más grande y fuerte que podrá desgarrar aún mejor de lo que yo jamás pude. Me alegro por él. Las cosas seguirán sin mí”, pensó Canino plácidamente mientras esperaba su destino. Entonces, por fin, oyó un aleteo. Alas pequeñas. Vio una luz con sus ojos de diente (todos sabemos que los dientes tienen ojos) cuando la esquina de la almohada se levantó del colchón. En la luz vio una versión diminuta de The Rock con un tutú rosa. Canino perdió el control de inmediato y gritó pidiendo ayuda. Dwayne “The Rock” Johnson procedió a aplicarle a Canino una llave de estrangulamiento hasta que se desmayó, probablemente porque The Rock olvidó ponerse desodorante.

Cuando Canino despertó, se encontró en una hermosa comunidad de dientes. Había pasta dental por todas partes. Mucho flúor (pero no demasiado) e incluso hilo dental rodeando los parques. Los dientes paseaban con sus vecinos y antecesores perdidos hace tiempo, disfrutando juntos del paso del tiempo. Al mirar a su alrededor, Canino vio una casita para él, igual a su hogar en la Mandíbula Superior, y sonrió. El sol iluminó sus pequeños ojos dentales y supo que todo estaría bien.

Fin

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